Crónica París-Brest-París de 2011 (y 2)

Crónica de David Padrós Casalins de la PBP 2011 (y 2).

«Volver a la primera parte Ciclomaratón de 1.230 km del 21 al 24 de agosto de 2011. Mi nombre es David Padrós Casalins, y estás en las segunda parte de la Crónica París-Brest-París de 2011 continúo narrando mi participación en esta gran prueba de resistencia entre París y Brest. Bueno… luego hay que volver nuevamente a la capital francesa. Todo el mundo tenía un saludo y un grito de ánimo en cualquiera de las poblaciones o en cualquier punto de la carretera, no importaba dónde, todos tenían una mirada que denotaba admiración hacia nosotros, especialmente los niños. Siempre intentaba devolver la réplica del saludo, especialmente hacia los más pequeños. Pasamos junto a 3 jóvenes en una silla de ruedas. Una de las cuidadoras les hacía gestos tan pronto se acercaba un ciclista. Cuando pasamos junto a ellos nos respondieron con un «bonjour». En ocasiones es que la vida merece la pena ser vivida y enfrentarnos a retos como esa PBP.

Crónica de París-Brest-París de 2011

El Zener Team ha quedado mermado y con un solo miembro llega al punto de control de Carhaix de camino hacia París. Mi saludo de agradecimiento hacia Alfredo Palencia, el gerente del Zener Racing por su extraordinaria colaboración en la cesión del material y las indumentarias de equipo para la carrera. En este momento debemos poner proa hacia Lodéac. En nuestras piernas empiezan a pensar los 700 Kilómetros acumulados. A treinta kilómetros de Loudéac mi estado anímico es bueno; las fuerzas también me acompañan, por lo que comienzo a tirar fuertemente. Nadie me está siguiendo hasta el justo instante que oigo el sonido de un cambio de marchas por mi retaguardia.Se trata de un francés joven que comienza a relevarme. Entablamos una conversación tomando como escusa que ambos llevamos el mismo modelo de bicicleta, una Sensium 300 del fabricante Lapierre. Con la distracción de la conversación, los kilómetros se hacen más cortos y llevaderos. A tan solo 10 Kilómetros de Loudéac comienza a oscurecer, circunstancia que aprovecho para apearme y ponerme el chubasquero reflectante. Con noche cerrada llegamos a Loudéac. La población nos da un recibimiento impresionante, como siempre. Coincidimos con Paul, el londinense australiano. Nos intercambiamos los diferentes números de teléfono para quedar en la próxima cita en Barcelona. En el roulot de Zener, Jordi y Lluis ya tienen preparado el menú típico de esta zona. Una nueva pizza.. Jajaja!!! Echo una cabezadita a las once con la intención de despertarme a las cuatro de la madrugada. A las 3 ya estoy dando vueltas y tomo la decisión de partir hacia Tinteniac. De Loudec después de todo pude salir bastante compuesto. La entrepierna la tenía con muchas rozaduras y los pies echaban fuego.  A cada vuelta de pedal, los tendones de los gemelos sobre el tobillo me tiraban como demonios. A cada vuelta era como si quisieran evitar las pedaladas. Son las quejas del cuerpo cuando te paras para descansar, después ya todo vuelve a funcionar correctamente como si nada hubiera ocurrido. Estamos a mitad de la noche cerrada nos acercamos a un grupo de corredores donde se encontraba sin ser invitado al punto de control de firmas secreto. Paso dicho control dando en los baños con Joana, la cual venía junto a Ignacio, su esposo, la primera mujer catalana e incluso española en participar en la carrera sobre el 1999. Me cuenta que que no le está yendo nada bien. Parece ser que comió algo en mal estado. Lleva bastante tiempo con vómitos. Por fortuna, más tarde, cuando acabó la carrera en Sant Quentin la vi llegar con su marido. A partir del último control hasta Tinteniac me fue bastante mal. Mi dio un bajón moral bastante fuerte, ya que rodar por la noche no me sienta demasiado bien. En este tramo de la carrera se pueden ver las luces de la torre de comunicaciones de la población de Tinteniac. Las luces parecen no moverse con el paso de los kilómetros, resulta desesperante para la moral. Cuando empieza a amanecer entramos a Tinteniac. A la entrada del control de la población, Lluis me está esperando para darme una buena sesión de descanso y alimento que reconforten mi magullado cuerpo. Me relajo durante quince minutos en la roulot y continúa camino de Fougéres. De ruta hacia Fougéres me apeo en un bar de un pequeño pueblo para tomarme un refresco de cola. Más que nada era una excusa para poder ir al baño. Los intestinos anduvieron dando problemas durante gran parte de la carrera. Inicio mi ruta otra vez, pero han pasado dos kilómetros y me acabo de dar cuenta que olvidé el móvil en la roulot. Regreso y recupero el preciado botín y aviso a Lluis con una llamada perdida a diez kilómetros antes de cada control para avisarle de mi presencia. El final está cada vez más próximo. Tras el control de firmas por fin puedo coger la cama de la roulot con la intención de descansar durante un cuarto de hora. Al despertar, con el calor reinante, Lluis me informa que he estado echado una horita durmiendo como un bebé. Realmente no me he dado cuenta. Ha sido mi cuerpo el que ha decidido en piloto automático. Continúo mi ruta hacia la siguiente población de Mortagne au Perche. A tan sólo cinco kilómetros de mi partida del control anterior doi caza a Salvador de la Peña y a Pere Martí, de Manresa. Una gran institución y todo un referente a lo que a larga distancia se refiere. Establecemos una conversación entre paisanos y me informa acerca de un randonneur USA que murió la pasada noche. El cansancio y el sueño hizo que perdiese el control de su bicicleta invadiendo el carril de sentido contrario. Un camión que pasaba lo arrolló. Descanse en paz. Y de regreso Mortagne Au Perche: A tan sólo ciento cuarenta kilómetros para alcanzar la gloria. Entre nosotros comentamos jocosamente: Vamos, que solamente nos falta un paseo de fin de semana. Ya tenemos acumulados en las piernas la nada desdeñable cifra de mil cien kilómetros de nada. En el control de firma, Bicimoreno me tiene preparado un par de perritos calientes para la cena. En estas circunstancias eso es toda una delicatessen. Partimos sobre las 9.30 PM hacia el control de Dreux. El comienzo del tramo es un continuo terreno rompe-piernas como si de un tobogán se tratase. Tal vez estos repechos sean solamente un par de kilómetros, pero a mi se me hicieron eternos como si se tratase del mismísimo Alpe d’Huez. Por fin aparece el descenso. Nos adelantan 4 ciclistas de Seattle. Nos ponemos a su rueda para eso de ahorrar algo de fuerzas. El ritmo impuesto por estos americanos nos resulta tremendo. Imposibles darle ni un solo relevo. Por lo que a mí respecta casi ni podía seguir su rueda. Chupando rueda nos damos de bruces con la población de Dreux, que se encuentra a tan sólo veintitrés kilómetros del siguiente control de firmas, y penúltimo de la carrera. Hasta entonces no había ingerido nada de comida en este tramo, así que decido apearme del tranvía formado por los americanos estos y me dispongo a continuar la carrera a un ritmo más sosegado empezando por dar buena cuenta de mi bocadillo y mi bebida de cola. Marc y yo nos despedimos, pues él ha decidido continuar enganchado al tren bala formado por los americanos de Seattle. En unos minutos devoro toda la comida y vuelvo a tomar la marcheta nuevamente en solitario. A tan solo quince kilómetros de la localidad de Dreux soy adelantado por un ciclista del grupo de los de Seattle el cual había quedado un poco atrás. Le tomo la rueda y le doy un par de relevos para colaborar. Entonces se pone a tirar y me da un latigazo que me deja como a cincuenta metros atrás. ¡¡Menuda forma de dar relevos!! Le dijo ir como alma que se lleva el diablo. A tan sólo 5 Km me lo vuelvo a encontrar con síntomas de haberle golpeado el tío del mazo. ¡¡Pues ahí te dejo chaval!! Ahora soy yo el que se marcha. Me encuentro con fuerzas renovadas tras haberme zampado el bocadillo. Así es que entro en la localidad de Dreus con otros diez randonneurs. Ficho en este penúltimo control de firmas y raudo me marcho a dormir cuatro horitas de sueño reparador. Son las siete AM y me dispongo a dirigirme a los aseos para adecentarme y prepararme para afrontar el último tramo de sesenta y cinco kilómetros. Nos despedimos los compañeros antes de salir rumbo a la meta final. Coincidimos un pequeño grupo de ciclistas franceses del conjunto ciclista Canjou. Con uno de ellos establezco una conversación y empezamos a colaborar para darnos relevos. Tan solamente relevamos tres ciclistas de un grupo de diez, el resto se queda mirando como nosotros hacemos el esfuerzo. Uno de los estirados comenta eso de: “Il est fort l´Espagnol!” Yo trataba de aportar lo que buenamente era capaz a esta altura de la prueba, que no podía ser mucho. Llegamos al municipio de Saint Quentin por donde se van sucediendo pequeñas urbanizaciones y pueblos. La organización de la carrera ha dispuesto un cartel anunciando los últimos quince kilómetros para la meta final. Semáforos, callejuelas, bajadas… marcho con tres corredores y el más rezagado, zasca!!! Se da un tortazo en un adoquinado. Los que marchábamos más adelantados paramos, el otro le preguntó: Are you fine?” Every thing’s all right? Parece que todo ha quedado en un susto, se levanta y se incorpora nuevamente con nosotros. Estamos a cinco kilómetros del final, en la localidad de Guyancourt, marchamos en pequeños grupetos seccionados a causa de los semáforos. Por fin llegamos a la rotonda de Saules, la cual da paso a la entrada del gimnasio de donde partimos. Son las 11 h AM y a la entrada nos espera un gran grupo de personas aficionadas que reciben con entusiasmo a los héroes de la bicicleta. También como no, se encuentran Cabreta Jordi, Bicimoreno y Lluis, que habían acabado hace horas. Antes de la entrada en el control de firmas, algunas fotos de recuerdo. Tras protocolo del control de firmas final, marchamos a saborear el final de las prueba de resistencia mental y física más increíble que puedas imaginar. Me atrevería a decir que la resistencia mental es mucho más importante que la física. Cuando la mente funciona correctamente afinada, entonces el cuerpo hace lo que quieras. Quisiera dejar constancia de nuestro agradecimiento a Lluís Pérez y Mójica por su gran ayuda durante su participación a lo largo de su participación hasta la llegada del Km 525. Cuando tuvo que abandonar, su ayuda desde fuera. La París-Brest-París es una carrera donde se viven muchísimas experiencias y grandes momentos de tristeza, emoción, sufrimiento y alegría. Un reto muy humano donde se puede percibir la energía de los aficionados los cuales tiene muy claro del tipo de desafía al que se tienen que enfrentar los participantes y al que profesan todo su respeto. Y finalmente quisiera dedicar esta París-Brest-París a mi querida madre que descanse en paz y a la cual he rememorado mucho a lo largo de este reto. Mama t’estimo! A María Valentina, mi hija que es lo máximo que he podido recibir en la vida. Wladimir, mi padre que me asistió durante la edición de 2003 y sabe muy bien lo que esta prueba hace sufrir tanto desde fuera como desde dentro. T’estimo Papa! Muchos abrazos y saludos a todas las personas que respetan y aman este deporte. P.D: Fin de la crónica París-Brest-París de 2011. Nos veremos nuevamente en la edición de la París-Brest-París del 2015? David Padrós Casalins «Volver a la primera parte

Libros sobre ciclismo recomendados

Nubes y claros
Cuentos del tour (Coleccion Pasion)
Por amor al ciclismo (Pasión)
Plomo en los bolsillos: Malandanzas, fanfarronadas, traiciones, alegrías, hazañas y sorpresas del Tour de Francia

Vídeo de la crónica PBP

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